miércoles 23 de noviembre de 2011

ESTAR SIN SER


Después de tantos días oscuros en los que la noche se paseaba desvergonzada por los mediodías y en los que ya empezaba dudar de si sería capaz de soportar el peso de su plomizo color sobre mis hombros hoy, por fin, ha salido el sol.

Como si lo presintiera desde esa falsa noche que encierro cada mañana entre las cuatro paredes de mi habitación, me he despertado pronto, las dos de la tarde es una buena hora para ser madrugada, y he salido a bañarme de luz en ese rincón privado en el que consigo exiliarme del mundo.

Akira, de la que empiezo a sospechar que se ha convertido en una prolongación de mi misma, porque allá donde voy va conmigo, como si entendiera o, tal vez, porque los perros también necesitan de esos momentos de aislamiento, se me ha subido encima como queriendo estar más cerca del sol y, al final, tras varios intentos de acomodo ha encontrado su punto de equilibrio, curiosamente convirtiéndome a mi, que desde hace ya tiempo camino sobre arenas movedizas dispuestas a tragarme en cualquier momento, en su tierra firme.

El ruido de la vida se ha ido apagando a medida que la luz y el calor acariciaban mi cara convertida en el espejo a través del cual poder llegar al alma. Ausentándome de todo, hasta de este cuerpo en el que a veces no me reconozco si no me miro a los ojos, en esa laxitud, en ese ser sin estar, he conseguido, por unos instantes casi eternos, rozar una paz que hacía tiempo que no sentía.

Absorta en la nada, me he desaparecido de un mundo al que no pertenezco para buscar el que me pertenece recorriendo los intrincado senderos del silencio, de un silencio del que no paran de brotar palabras una tras otra para acabar convertidas en frases o en párrafos completos, que se agolpan y atropellan queriendo nacer en mis páginas en blanco y sin importarles el dolor del parto.

Si me gustara el whisky me tomaría ahora mismo uno que me adormeciera por dentro y por fuera. Por una vez voy a hacerme caso. Beber en ayunas, aunque sean las siete de la tarde no es buena idea. A veces pienso en que si me escuchara un poco más posiblemente tendría alguna posibilidad, pero hay tanto ruido fuera que no consigo oírme y, al final, siempre acabo por colgarme de algún sueño ajeno y guardando los míos en el baúl de los posibles imposibles, como esa novela que empecé para acabar abandonando y que ultimamente me pide a gritos que la deje ser.

miércoles 16 de noviembre de 2011

MUTATIS MUTANDI... (Tantas veces ... y a veces tan pocas...)






Sentada frente a mi escritorio, me gustaría conseguir hablar de lo que siento. Gritar hasta quedarme sin voz de lo que siento y de lo que pienso. Pero lo único que consigo es cerrar los ojos y saltar al vacío desde esta mesa situada justo al borde de una nueva semana lluviosa, de otra semana insustancial y carente de cualquier consistencia en la que me detengo a escribir dentro de esta inmovilidad que no deja de dar vueltas de un lado para otro, sin parar en ningún punto y que sospecho que no tiene retorno.


Siempre los malditos entrecruzamientos en este túnel del tiempo por el que camino de aquí para allá queriendo entender por qué el pasado se empeña en hacerse tan presente como el propio presente. Le doy vueltas. Muchas. Igual que cuando doy vueltas en la cama y no consigo alcanzar al sueño o, como cuando a veces, se las doy sin parar a esa intuición que araña las palabras que no consigo escribir. Me pregunto si no será que mi mente, involuntariamente, viaja hacia el pasado en un intento de revisar otros momentos semejantes con la intención de rescatar algo del pasado que me ayude a enfrentarme al movedizo presente o que, tal vez pudiera ser, con el inconfesado deseo de afianzarme en las viejas, conocidas y queridas certezas, en un inconsciente rechazo hacia lo que está por venir.



Miro al frente pero no veo nada. Me pregunto en que momento dejé de ver bien. Solo al mirar hacia abajo adquiero consciencia de que voy de bajada, de que he entrado en el tiempo de descuento y de que el camino que me queda por transitar se encuentra a mis pies. Continuo en mi empeño por entender lo inexplicable, por encontrar coherencia, armonía y atesorar los resultaldos de la suma de los momentos felices en mi vida, aunque en esa ciencia infusa que es nuestra condición humana, lo consiga tan solo a base de convicciones e incertidumbres, de evidencias y paradojas, de acción y contemplación, de razones del corazón y emociones del cerebro, de virtudes y defectos... o sea, lo que en definitiva diría que es solo a base de luces y sombras...


De nuevo las dudas y las preguntas sin respuesta.

Alguien podría decirme cuando es que se me instaló en los huesos este miedo que hace que no me suelte de mi mareo...???

jueves 3 de noviembre de 2011

ANIVERSARIO...






Hoy me ha despertado el aroma del café mañanero. Con esa sensación que te deja el sueño bien dormido he rebuscado debajo de mis sábanas queriendo encontrar algo o alguien, porque hace ya un tiempo que me acostumbré a dormir a veces con un ser (in)humano al lado, aunque el de ahora tenga cuatro patas y más pelo, pero solo he encontrado allá abajo mis pies desperezándose.





He mirado mi reloj invertido. Las tres de la tarde, justo a tiempo para tomar un humeante café mientras disfruto del espectáculo de ver amanecer. Y es que, curiosamente, para mi, siempre amanece cuando me despierto. Un nuevo día, cada día, día tras día, y sin darme cuenta he caído en la cuenta de que ya debe de hacer un año. Hay que ver que mala memoria tengo para estas cosas (para las otras sigue siendo excelente) Un año ya!!! Un año da, si no que me lo pregunten a mi, para mucho. 365 días para algo parecido al amor y de algo semejante al desamor. Para acontecimientos y sensaciones, algunas extrañas y otras difíciles de definir. Pero sobre todo, para darme cuenta de que todo puede cambiar, por mucho que en lo esencial nada cambie, aunque debo reconocer que está vez no me equivoqué. Y aunque aún siga caminando a tientas, y de que haya veces que tropiece y hasta me caiga, ya no me siento como aquel fantasma agotado por tanta situación absurda, que deambulaba entre jeroglíficos y sombras desamparadas.





Hace ya un año que mi vida era un auténtico desastre. Hoy, felizmente, mi vida sigue siendo un desastre, pero ahora es mi propio desastre y me gusta, me gusta casi tanto como caminar (descalza) de cara al mar.








martes 25 de octubre de 2011

MIRADA ANGULAR



Sigo en mis trece, que a este paso van a acabar siendo catorce. Quiero pero no puedo, o no me dejan que para el caso es lo mismo. Querer no significa poder, a pesar de la opinión popular, es solo el empeño de que sea. Se lo que quiero. En medio de un mar de dudas, esa es una de mis certezas. Quizás la única que tengo.


La otra tarde estuve con Dios. Tomamos algo y hablamos. Si no hubiera sabido que era él, lo habría confundido facilmente con un cualquiera. Y es que Dios hizo el tallaje, pero ya no da la talla. Igual, es que nunca la dio, pero a veces, el humo de las cortinas no nos deja ver con claridad, y siempre es más sencillo rendirse a la inercia. Pero hasta la inercia caduca.


Voy sumando días y restando tiempo. Las cuentas salen, los resultados en esta ciencia exacta no fallan. Fallan las personas, porque ni son ciencia, ni son exactas. Sabía que los elefantes, tan llanos ellos, nunca fueron buenos animales de compañía. A lo mejor es por eso que ahora siento especial predilección por los obtusos, que ni son tanto.. ni son tan poco..



lunes 17 de octubre de 2011

QUERER..(NO) ES PODER...


Querer es imaginar una realidad que casi nunca se consolida, es soñar sueños destinados a desvanecerse, es el fracaso de forzar lo que no es para que sea, porque lo que es, si es que alguna vez hubo algo que pudiera haber sido, no puede ser.

Salir a flote, sin flotar suspendido entre las candilejas de un mundo imaginario. Buscar el fondo, en el fondo, donde la tierra firme se convierte en arena movediza y respirar, respirar poco, lo suficiente para no olvidar como se siente el aire en los pulmones.

Ignorar las ausencias, desterrarlas a los campos del olvido, mientras los recuerdos, cada día más presentes, acechan a plena luz y asaltan desde cualquier esquina amenazando con volver más nítidos y reales que nunca.

Falsear lo falseable, falseándome hasta yo. Queriendo ser quien fui, quien se que soy en algún lugar al que no puedo llegar y del que no puedo salir.


domingo 2 de octubre de 2011

PENSANDO SIN PODER PENSAR







Evadirse como defensa. Despersonalizar para ver con claridad. Encontrar alguna respuesta racional. Dar vueltas enfermizas y sin curación una y otra vez. Dejar de dárselas a ese malestar que me corroe las entrañas.



Buscar un sentido a los pensamientos que se entrecruzan con las figuras de la gente que quiero y que no quiero en ese túnel del tiempo por el que ando de aquí para allá, queriendo encontrar algo que me permita entender este presente y predecir lo que no quiero. Porque aunque yo no quería querer, quise mientras la bondad desdibujaba el mundo ante mis ojos.



Las palabras se me enredan en la cabeza buscando lo que era para poder ser y un yo de mí que no estaba, ha regresado sin ser apercibido enredado entre la suavidad que fusiona los espacios y el fuego de la vida secreta.



Y al final, nos fuimos cada uno por su lado, porque hay muchos lados para llegar al corazón. A pesar de que el aire siempre es frío cuando amanece el ruido que borra los sueños y de que yo nunca sepa si estoy despierta o si sueño que hablo.















lunes 12 de septiembre de 2011

StandBy





Para algunos termina la jornada, para otros apenas empieza el día, pero para mi no es ni una cosa ni la otra. Para mi, en este lugar paralelo a la realidad, mientras la arena del reloj del tiempo se escapa por entre mis dedos, todo se mantiene detenido justo en la línea que separa la cordura de lo irracional... el valor del miedo.






Todo se ralentiza dentro del reducido espacio encerrado entre las falsas paredes que me rodean. Todo sucede como a cámara lenta, de un modo impersonal y en penumbras, como si yo no estuviese, como si ya me hubiera ido, como si supieran que he encontrado un camino entre mis sueños y que me he alejado a pensar en imposibles.






Mi reloj de pulsera me grita que ha pasado ya mucho tiempo desde que llegamos y que nada ha cambiado, que todo sigue igual. Mi móvil, asomando tímidamente de un bolsillo del bolso dejado con descuido sobre la única silla, me pide que le deje llamar, que le permita localizar algún hilo de plata capaz de traerme de vuelta del lugar desierto y desolado al que me he ido. No sabe que solo allí soy capaz de escuchar la voz del silencio cuando me habla al oído.






No hago caso, a ninguno de los dos. Sigo en mi tiempo de descuento enumerando las improbabilidades de desandar lo andado y de no cometer una vez tras otra los mismos errores. Buscando un próposito para no perderme más entre si acasos y quizases. Haciéndome la firme promesa de quitarme esa manía de intentar encontrar en la memoria recuerdos de lo que nunca pasó y de dejar de desear lo que jamás tendré.






Tal vez sea cierto, tal vez fuera de mi burbuja en estos momentos reine el caos, pero he visto por una rendija el cielo azul, y la luz, y la vida por vivir.



martes 16 de agosto de 2011

SOLO VIVIMOS UNA VEZ... pero morimos demasiadas en el intento


Llevo un rato jugando desde la cama a descubrir formas entre las sombras, de hecho, llevo varias horas esperando ver como las primeras luces rasgan lentamente la oscuridad pensando sin pensar, hasta que de pronto he sido consciente de la cantidad de cosas que se pueden llegar a pensar cuando uno cree que no piensa en nada.

Veo los objetos reflejados en el blanco de la pared que tengo enfrente como si de un teatro de sombras chinas se tratara. Las sombras y la luz jugando a tomar vida y yo, como simple espectadora, me encuentro en el medio, entre la luz y la sombra, sin ser ni siquiera un reflejo.

Llevo unos días intentando recordar en que momento todo cambió y dejó de importarme. De hecho llevo ya algunos meses queriendo encontrar la razón que dejó que la desidia se instalara hasta en los huesos.

Tal vez haya sido demasiada pérdida para tan poco tiempo, tenemos, tenemos y.. un día nos levantamos y hemos dejado de tener. Arrastro esa sensación de no tener suelo bajo los pies, por eso me he sentado sobre una roca a mirar como discurre el camino sin atreverme a caminarlo. Lo observo ausente, como algo ajeno, creo que la vida me ha dado un descanso y es que, los descensos, a veces, pueden hacerse muy cuesta arriba.






lunes 20 de junio de 2011

NADA








Hay ocasiones en las que nada nos libra de vivir y revivir situaciones que se repiten una y otra vez en un ciclo demoledor. Que las sobrevivimos porque no nos queda otra, porque no tenemos otra opción y porque son como subirse a un tren sin paradas ni puertas por las que apearse con el que recorremos un camino que nos lleva de cabeza hacia un túnel al final del cual no siempre vemos la luz.



Hay ocasiones en las que no nos queda más remedio que tomar una decisión. Y lo hacemos con el convencimiento de que es la más acertada y la que mejor nos conviene, incluso a pesar de ser conscientes de que si la llevamos a término, no solo removerá los cimientos del mundo que conocemos, sino que incluso puede hacerlo desaparecer. Pero es nuestra propia responsabilidad para con nuestra vida la que nos hace mantenernos firmes a pesar del miedo y de la incertidumbre. A pesar de esa extraña oscuridad que va rodeándonos como noche cerrada, sin ni siquiera una estrella que se apiade de nosotros.



No es fácil. No lo es, aunque al principio las convicciones y la rabia por la situación a la que estábamos sometidos nos mantienen en un falso estado de euforia que queremos creer como real. Pero la rabia no es un sentimiento natural y mucho menos sano, y llega un momento en que tiende a desaparecer. Es entonces cuando las convicciones por si solas no se sustentan y al abrir los ojos te encuentras con que la "nada" ha invadido y se ha instalado hasta en el último rincón de tu ser.


Llenar ese vacío se convierte entonces en tu mayor deseo. Pero tenemos ya tantas nadas omnipresentes en nuetra vida que, cuanto más intentamos llenarlo, más nos vaciamos.




jueves 2 de junio de 2011

Y AL FINAL... EL FONDO SIEMPRE ES GRIS, solo cambia la tonalidad




No es cierto. Por mucho que digan, por mucho que intenten convencernos de lo contrario, no es para nada cierto que todo nos es otorgado por el mero hecho de realizar el esfuerzo de estar dispuestos a abrir nuestro corazón de par en par o por lo menos lo suficiente para dejar que se cuelen por sus rendijas nuevas emociones y sensaciones … No, no es cierto, haciendo esa gilipollez lo único que conseguimos es hacer de él un kamikace inconscientemente suicida, que acabará en el mejor de los casos, convertido en un músculo desgarrado y en carne viva al que le escocerán hasta las caricias. Carne de cañón que ya asumo como perdida tratando, desesperadamente, de hacer lo que pienso que se supone que debería estar haciendo, por mucho, que en la mayoría de las veces me resulte profundamente frustrante y, en momentos extremos, como este preciso instante, hasta devastador.




Caer hasta lo más profundo, sin lograr encontrar un fondo en el que impulsarme de nuevo hacia la superficie. Obligarme al cansancio, al frío y a la incomodidad de pasar toda la noche en vela queriendo volver a amanecer esperando, momentos antes de que alcancen la punta, descubrir los tenues rayos del sol sobre el horizonte, asombrarme del asombro de ver finalmente al sol emerger vencedor de entre las sombras y sentir de nuevo la calidez tranquilizadora de sus rayos en los ojos y en la piel. Pero por mucho que espere, hay días, en los que como hoy, a pesar del sol, amanecen tan nublados como yo y no me dejan rendirme al pacífico descanso al que solo puedes entregarte después de haber estado despierto a través de toda la oscuridad, para despertar a la luz de un amanecer por estrenar.