
( I )
Estaba cansada, últimamente había aumentado mucho el trabajo y la dirección se negaba a contratar más personal. El trayecto hasta su casa se le hizo eterno, creía que las piernas se le doblarían haciéndola caer de rodillas, negándose a dar un solo paso más. Respiró hondo, como tomando fuerzas, unos pasos más, unas escaleras y habría llegado.
Saco las llaves de su bolso y abrió la puerta dejandose caer sobre ella para cerrarla, fué directa al baño, se desnudo y se metió bajo la ducha, el agua caliente le devolvió parte de la humanidad que el día le había restado.
Se envolvió en una toalla y se sentó en su cama, mirando fijamente al teléfono, acercando su mano, dudando entre descolgar o no, entre si atreverse a marcar o esperar la temida llamada.
Fué por un vaso de leche y con gesto decidido, como si eso la hiciera más valiente, marco el número. Alguien descolgó al otro lado de la línea, y ella habló sin darle tiempo a contestar.
“Hola, soy yo, acabo de llegar a casa..... Sí, sí, es tarde, ya lo sé.... Como está?, le has visto?, ….que dicen los médicos?....Crees que pasará la noche? Le prometí que estaría con él cuando, bueno, ya sabes, cuando llegara el momento, no me gustaría fallarle.....Está bien, descansa, yo también me voy a dormir que no puedo más, mañana nos vemos en el hospital. Buenas noches”
Se dejó caer sobre la cama, miró el reloj, las once y media, intentó programarse el día, pero el agotamiento la sumió en un profundo sueño. Un escalofrío la despertó, seguía envuelta en la toalla y estaba húmeda, se la quitó y se metió dentro de la cama. Entonces lo vio, allí parado en la puerta, mirándola sonriente, de un salto se incorporó sorprendida
“Pero que haces aquí.. Como has entrado.. Pero si me han dicho que estabas.. “
El se acercó lentamente hasta la cama y le pidió que le hiciera un sitio para recostarse junto a ella.
“No te asustes, no pasa nada, tan solo he venido a despedirme”
No entiendo nada, tu, tu , estabas en ...”
“Ya no, ahora estoy aquí, contigo. Duermete, tienes cara de cansada, mañana te espera un largo día. Yo me iré en un rato”
No se durmió, no conseguía conciliar el sueño sabiendo que le tenía tan cerca, en la oscuridad estuvo observándolo, a su memoria acudieron imágenes de momentos y secretos que habían compartido, era como ver una película de ellos mismos. Después de un rato, él se levantó y se dirigió hacia la puerta, desde donde hizo un ligero ademán a modo de despedida mientras susurraba un “he de irme”.
Su manera de irse la dejó tan sorprendida como su llegada, miró de nuevo el reloj las 3,45. Se tapó e intentó conciliar de nuevo el sueño. Se preguntaba como era posible que estuviera teniendo un sueño dentro de otro y que a la vez ambos le parecieran tan reales. La mente a veces nos juega estas malas pasadas.
La despertó el ruido del teléfono, encendió la luz y miró la hora, las 4,15.
“Diga..”
“Hola, soy yo, acaban de llamarme del hospital”
“Que?.. Como?, no puede ser, pero si ha estado..”
“Han hecho todo lo que han podido. Voy a vestirme y paso a recogerte. Lo siento, lo siento mucho”
“Dime una cosa, por favor, a que hora ha sido?”
“Que importa eso, no podías estar allí, el lo habrá entendido, ahora no te sientas culpable por eso”
“Que me digas a que hora ha sido”
“Hace media hora, supongo que sobre las cuatro menos cuarto más o menos”
Dejó caer el teléfono y se derrumbó sobre la cama llorando. Se sentía culpable por no haber estado a su lado, sujetando su mano, dándole apoyo y cariño, entonces lo vio, vio las sabanas arrugadas en el lugar donde él se había recostado, su llanto ceso de golpe y una mueca semejante a una dolorosa sonrisa apareció en su cara. No había podido ir junto a él, pero él si pudo venir junto a ella para compartir los últimos momentos como se habían prometido.